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La construcción de la aymaridad, una historia de la etnicidad en Bolivia (1952-2006)

aymaridad35Muy pocas veces se realiza una aproximación científica y objetiva sobre la construcción, cómo se percibe, no de determinado grupo étnico, sino más bien de su relación con el entorno, en este caso los aymaras. El libro: “La construcción de la aymaridad”, de Verushka Alvizuri, cumple con este cometido: narrar el discurso de la aymaridad al presente a raíz de un hecho singular como fue la posesión del “primer presidente indígena” de Bolivia, Evo Morales, durante el acto que brindó en enero de 2006 en Tiwanaku.

 

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Flickr Verushka Alvizuri
La construcción de la Aymaridad, de Verushka Alvizuri (para la venta)

En un país fundado en 1825 y colonizado durante cinco siglos, que convive actualmente con un mundo globalizado, el fenómeno étnico es motivo de investigaciones por la hegemonía política del MAS y su plan de gobierno, fundamentado en los diversos cambios que propone para el Estado, a través de la nueva Constitución Política del Estado y la refundación de Bolivia.

En este sentido, la autora propone y distingue tres tipos de discurso:

-El discurso nacional sobre el indio aymara,

-El discurso académico sobre el grupo étnico aymara y

-El discurso político, sobre la nación aymara.

Lo interesante es que se aclara en algún momento del libro que su posición para acercarse a la aymaridad es de la emigración. De hecho, la autora realizó la investigación durante su estadía en Francia por motivos de estudios superiores. Una posición “post nacional” en referencia a al sociólogo hindú Arjun Appadurai, quien define a aquel que puede distanciarse de sus propios sentimientos de pertenencia nacional.

La construcción de la Aymaridad Presentación del libro en Santa Cruz (08/2010)

En cuanto a las fuentes de información a las que recurrió Alvizuri, se citan dos viajes: a La Paz en octubre de 2003 (post Guerra del Gas) y marzo de 2005, cuando tuvo la oportunidad de ver de cerca la caída de Carlos Mesa y la presidencia transitoria de Eduardo Rodríguez Veltzé.

Asimismo, narra desde su experiencia su participación en ritos o prácticas ancestrales de la comunidad aymara, denotando la observación directa como técnica de investigación. A esto se suma el uso de fuentes bibliográficas extractadas de bibliotecas especializadas en la materia, la mayoría localizadas en la ciudad de La Paz. Se añade también el uso de periódicos, programas de televisión, portales de internet, conversaciones, entrevistas que se resumen en nueve capítulos.

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Los dos primeros aportan con un repaso histórico desde la colonia española y el mito de la emancipación indígena hasta la creación de la República, empero el servilismo al cual son sometidos luego los “liberados” contradice dicha rebelión. A partir del segundo capítulo, la autora se plantea “El indio como objeto de ciencia”, citando la obra del abogado e historiador Bautista Saavedra (1869-1939).

El capítulo 3 acerca al lector el tema de la “Indianidad y aymaridad en los programas escolares”. Sugiere un salto de la academia a la socialización de estos términos para una adquisición de lo aymara en las escuelas de Bolivia, a partir de la revalorización de esta identidad surgida durante la Revolución de 1952.

El cuarto capítulo vendría a ser una respuesta a su antecesor porque expone la tesis de Fausto Reinaga, notable investigador que publicó “El indio y el cholaje boliviano” (1964) denunciando a los intelectuales como aliados de las clases dominantes por domesticar el “intelecto de los indios”, criticando la reforma educativa promovida en la Revolución. Según la autora, Reinaga es el fundador del término “Indianismo” en Bolivia, al haber publicado más de 30 obras sobre el tema.

Siguiendo un orden cronológico, el capítulo cinco ubica la “aymaridad” en los años 60, década donde emerge la Teología de la Liberación que ampara la “aymaridad” en Bolivia, pregonando que “el oprimido no puede hablar ni expresarse, la religión será un espacio de expresión”.

A este movimiento social y religioso se suma la aparición de la orden de los Oblatos de María Inmaculada, quienes llegaron al país en 1952, instalándose en las minas de Potosí: Llallagua, Catavi y Siglo XX. Surgen así nuevas figuras que respaldan la tesis indianista como Gregorio Iriarte y Xavier Albó.

El sexto capítulo aborda la proliferación de los “cultural estudies”, corriente surgida en EEUU e Inglaterra que estudia la cultura de los grupos sociales. Este espacio es una crítica a la hegemonía de una cultura producida por hombres blancos. Según demuestra la autora, e linterés en los últimos años sobre la cultura aymara en EEU es notoria. Entre 1990 y 2000 se publicaron 215 títulos de investigaciones que son almacenados en la Biblioteca del Congreso de EEUU.

El capítulo siete destaca el fomento del discurso aymara en una etapa que Alvizuri denomina “Post colonialismo”. La aparición de organizaciones no gubernamentales (ONG) a partir de la vuelta de la democracia en Bolivia en 1982, se apunta como principal causa de este rebrote de la reivindicación del mundo aymara a través de investigaciones académicas financiadas por estos grupos. Se cita también la creación de la Universidad Pública de El Alto (UPEA) el año 2000, constituyendo una conquista social para los aymaras y su posterior formación.

Finalmente, el octavo y noveno capítulo hacen referencia a la inclusión de los aymaras a través de la academia y la política, la fundación de partidos aymaras en pro de mayores espacios de participación. Luego se menciona la incursión del aymara en medios privados y abiertos de comunicación como la radio, prensa y televisión, como bien indica Alvizuri, los “mediadores de la aymaridad”.

Haciendo hincapié en la simbología del mundo aymara, la "whipala" se constituye en emblema por excelencia de la lucha indígena. Figura la sacralización de Tupac Katari como máximo ícono de liberación, una respuesta a la historia tradicional de la independencia de Bolivia, concluyendo en el templo sagrado, Tiwanaku.

El libro de Alvizuri connota un ciclo reincidente del pasado y presente de Bolivia, que merece atención por la importancia histórica pero sobre todo para acercarnos al mundo aymara de una forma acertada a través de la investigación.

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